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El cliente debe realizar valoraciones acerca de la empresa a la que acude por razones de confiabilidad, como cuando vamos a contratar un servicio motivados por una necesidad que debemos cubrir,  y por ende, satisfacer. Basamos la elección en una cuestión de empatía directa; me gusta eso que veo, me gusta lo que ofrecen, me gusta el costo, me agrada el trato; y al final, nos vemos frente a una carga de valor maximizada del por qué estar con la marca de nuestro interés. La probabilidad de vernos de forma placentera en el futuro inmediato es lo que nos lleva a decir sí. Así que automáticamente tenemos frente a nosotros la proyección personal del ya me vi.

Saber dónde solicitamos información y en quién confiamos es elemental; quita el sueño o da seguridad. Por eso, buscar mediaciones confiables se vuelve una obsesión. Sugerir el producto no es suficiente. La elección va sujeta a una sensación de confort y de seguridad. Ante todo, ligada a una serie de necesidades por satisfacer. Entonces ¿Cuál es la empresa en que se debe confiar? ¿Quién ganará esa confianza expuesta?, solución que derivan de las promesas de la oferta y los beneficios en las que se promueve.

Ahora bien, cómo saber si eso es lo que necesitamos realmente, si tal producto o empresa es la correcta; el dónde y con quién son los motivos que dirigen la necesidad del solicitante. Con ello, la importancia de contar con el personal calificado se vuelve crucial. A través del experto la oferta cobra vida, ya que éste domina el producto, y principalmente genera los primeros momentos de seguridad al tratar con el interesado. Por consecuencia, el portafolio de su producto podría ser o no lo que se busca.

En el caso del ramo financiero el asesor es nuestro guía, él nos hablará del producto y las cuestiones técnicas a considerar llevándonos de paseo por la estructura de la oferta. Es por esto que un asesor financiero confiable cuenta con un plan de negocio que permite mostrar los movimientos de la inversión, datos como el tiempo en que durará, y cómo será posible alcanzar el rendimiento esperado durante las etapas y procesos por las que veremos mover nuestra inversión. También nos hablará de los escenarios y de los posibles riesgos a tomar.

Por tal motivo, ellos son la mejor guía para definir nuestros pasos sin perder de vista que en el paseo por la oferta el experto no toma la decisión, pero sí potencializa nuestra necesidad de invertir.A priori vamos con un propósito personal, con una meta, y una intención dispuesta a tomar sin miedo el camino hacia la inversión.

 

 

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