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En México concluyeron las vacaciones de verano, los estudiantes han retornado a sus clases y los gastos familiares continúan. Tal vez esto sea menos revelador para algunos porque los valores de sus finanzas son más saludables, pero por qué.

Todo se debe a un plan de ahorro que les ha permitido diseñar sus gastos con mayor moderación, sabiendo que tienen bajo control sus ingresos y egresos. Estrategia que permite la discriminación permanente de sus necesidades sobre sus deseos.

Dicha situación pone en balanza el juicio de hacer qué, para qué y por qué, ya que de otra manera, cualquier gusto sería motivo de gasto. Por tanto, existe una obligación moral de preguntarse si lo que se desea hacer aplica para la necesidad sobre el placer y la complacencia.

En estos términos sociales, la cultura del consumismo se da como acto condicionado del qué hacer cuando se tiene disponible dinero, y sin advertirse el propósito de un para qué, es fácil caer en el riesgo de comprar por comprar.

Es aquí cuando se debe aproximarse a las preguntas que ayudarán a decidir sobre el destino de los recursos. En tanto, se establece una pincelada del por qué al contrastar gasto frente a egreso, ya que en todo momento, se maneja la noción del valor del consumo.

  1. Evitar compras innecesarias: identificando cuál es un gasto prioritario del que no lo es.
  2. Limitar pagos: cuidando de no llevar mucho dinero y dejando las tarjetas en casa.
  3. No realizar compras inmediatas: tomando el tiempo que sea necesario para checar precio y producto, en otra tienda o pasarlo en otra  ocasión.

Así que a gastar menos de lo que se necesita cuidando de gastar en lo que no es prescindible.

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